EL DIOS DE LOS TOROS

Nada más exótico que una corrida de toros para un extranjero que venga de un país en donde estén prohibidos ese tipo de espectáculos.  Dos gringos que se encontraban de visita en la empresa en donde yo trabajaba se morían de las ganas por ir a toros. Como en Bogotá todavía no había reinado Petro, los aficionados  podían asistir a las grandes faenas en donde debutaban famosos toreros como César Rincón, El Puno o Enrique Ponce. Personalmente (y para algunos pareceré muy inculta al no poder percibir el arte sin un dejo de sufrimiento) nunca me han gustado ese tipo de fiestas sangrientas o, más que eso, humillantes, en donde la fuerza bruta del ingenuo animal se confronta con la arrogancia terca de los hombres. Sin embargo, ante tanto entusiasmo por parte de los visitantes y con el compromiso de tener que atenderlos, acepté a regañadientes su solicitud.

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