Nosotras las cuarentonas

Mujeres maduras, ya con cierta sabiduría acumulada por la experiencia, pero sobre todo, con ansias de revelarla.

Ya tenemos la consciencia para usarla a nuestro favor, ya tenemos la confianza para compartirla con nuestras hermanas, ya sentimos que tenemos derecho y autoridad para reafirmarnos en lo que sabemos.

Ya sabemos que buscar respuestas afuera no tiene sentido y que no hay nada más reconfortante que buscarnos a nosotras mismas, como bien lo estamos haciendo las cuarentonas de esta generación.

No es coincidencia que seamos varias, muchas, es algo generacional. Somos a quienes nos tocó romper esquemas viejos y revelarnos contra la vida rígida o convencional que en su verdad y su infinito amor nos propusieron nuestros padres. Nos estamos atreviendo a cuestionar tradiciones y creencias, unas más antiguas que otras, a amañar, rechazar o acomodar la religión a lugares más cómodos y más creíbles, a educar a nuestros hijos de manera diferente reemplazando el miedo y el castigo por la toma de consciencia.

La generación que nos sigue viene limpia, a nosotras nos tocó el trabajo “sucio” de revisar y limpiar nuestra casa, creencia por creencia, pensamiento por pensamiento, decidir qué nos sirve y qué no, pues dicha casa será la cuna de las futuras generaciones. Es un trabajo largo, que ha durado años desde que nos comenzamos a cuestionar, desde que despertamos del sueño que nos decía que todo ya estaba estudiado, decidido e interpretado, desde que nos despojamos de las verdades impuestas en nuestra infancia cuando fuimos niñas obedientes. Fue un cuestionamiento lento, que tomó años en madurar.

No hay que envidiar a aquellas jóvenes que evitan ser complacientes y sueñan sin cobardía, porque nosotras fuimos sus consejeras. No las envidiemos cuando ellas emprendan sus sueños, mientras que nosotras hasta ahora nos estamos sacudiendo los patrones viejos, abandonando el trabajo de años o la carrera con que nos sostenemos para emprender desde cero lo que realmente queremos, o cuando nos priorizamos sobre las demandas de los demás que antes terminaban en la complacencia, porque nosotras, las cuarentonas, somos su ejemplo.

Hablo de las mujeres, caudillas de una nueva causa en la que los hombres intentan seguirnos, sorprendidos, curiosos, mientras nos miran amorosos, pero con poco entendimiento de aquello que nosotras ya entendimos pero que nos cuesta explicar, porque la única forma de hacerlo es con nuestros actos. Ellos en su natural simpleza no entienden nuestra complejidad y solo nos admiran al vernos más maduras, más sabias y más femeninas que nunca sin siquiera saber a dónde los estamos conduciendo a través de nosotras mismas. Les llegará su hora.

Nosotras las pioneras, ellos, los seguidores, nosotras a nuestra manera un poco mágica, y ellos a la suya, imperceptible, sin darse cuenta, con poca filosofía, pero con mucha practicidad, como lo presenta su género, confiando en aquello que nosotras estamos proyectando. Ellos toman lo que funciona y lo que no lo descartan, pero cuando miren hacia atrás no sabrán qué ocurrió, ni qué cambio se dio, simplemente verán el mundo diferente.

Es tan clara nuestra misión, que ni se menciona. La emprendemos sin arrogancia, sin batalla alguna. Es la misión silenciosa del redescubrimiento de nosotras mismas y del amor que les tenemos a los hombres para crear un mundo mejor.

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Arrogancia espiritual

Veo cada día más personas buscando un camino espiritual que les convenza y que les sacie aquel vacío interno que con nada más se llena. Afortunadamente, hoy en día la información está disponible para quien quiera buscar opciones diferentes a las convencionales. Ya muchos han encontrado respuestas, cada uno con diferentes recorridos, que nos conducen a la misma cima de la montaña: Dios. Otras cuantas opciones pueden ser embusteras, manipuladoras o explotadoras, pero inclusive las equivocaciones son parte del camino, pues si despertamos de aquella ensoñación de engaño, podemos aprender la lección, buscar algo mejor y superar nuestra ingenuidad.

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