¿Fiel, sacerdote o sabio?

Creo que todos los colombianos (¿o casi todos?) estamos de acuerdo en que estamos muy mal gobernados. Y no es un asunto exclusivo de partidos, del presidente de turno, ni de la corrupción desbordada de los últimos años. Sigue leyendo “¿Fiel, sacerdote o sabio?”

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¿Números o letras?

Siempre me han gustado las matemáticas, aunque algunas veces me han costado trabajo. Sé que su utilidad es incuestionable y, además, obvia: nuestro cosmos, durante siglos, ha sido explicado por el hombre a través de las matemáticas. Y no solo eso, sino que ellas son ingrediente indispensable en la ingeniería, la física y la arquitectura, entre otras muchas disciplinas, con las que hemos podido modificar, enriquecer y moldear nuestro mundo inmediato. Sigue leyendo “¿Números o letras?”

¿La mujer perfecta?

Mujer hermosa que buscas la perfección en la apariencia: nunca te permites el desparpajo, tus uñas siempre están esmaltadas, tu cabello disciplinadamente tinturado y tu cuerpo se somete a la rutina de un gimnasio o, si la necesidad de gustar es más intensa, a una o varias cirugías. No te permites andar sin maquillaje, pues es tu máscara perfecta: aquella que esconde tus temores y te permite ser admirada. Tal vez, no te atrevas a salir sin aretes o alhajas y siempre vistes de moda. La compra de ropa busca llenar aquel vacío que en el fondo sientes y no te has preguntado por qué. Te regocijas cuando llega un merecido halago o un reconocimiento a tu anhelada belleza. No te atreverías a asistir a una fiesta de disfraces si eso implicara una apariencia no convencional: ni disfraz de bruja ni de fea, más bien de modelo, puta elegante, Marilyn Monroe o bailarina árabe.

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Consumo consciente

Me gustaría que nuestra sociedad fuera más auténtica, como la mexicana, que tiene una profunda identidad cultural que defiende a capa y espada y que, además, promueve con orgullo y devoción. Los mariachis, los tacos y las rancheras ya se encuentran muy bien posicionados -para hablar en términos de mercadeo- en varios países del mundo. En cambio, aquí parece que nos avergonzara nuestro lindo folclor, que no creyéramos en nuestros propios productos, que no valoráramos nuestro talento local, que nos importara un bledo el progreso de nuestra gente. Los bambucos se están extinguiendo y ya los niños ni siquiera saben qué es un tiple. En las presentaciones de los colegios ya no cantan villancicos, sino el “we wish you a Merry Cristmas” y nuestro arribismo nos hace despreciar todo lo que sea nacional. Preferimos copiarnos de todo, acoger gustos extraños, adoptar modas globales, comprar marcas internacionales de las que no sabemos absolutamente nada, por ejemplo, si usan mano de obra infantil o esclavizada.

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Juzgar , ¿pecado o dicha?

Hace unos días comentaba con mi hermana y mi prima la necia costumbre que como seres humanos tenemos de juzgar. Hablamos, también, que las generaciones anteriores tienden a incurrir mucho más en cierto tipo de prejuicios que, afortunadamente, ya se han venido desvaneciendo en éstas épocas. Como ejemplo, tal vez varios vivimos en carne propia los rechazos de los pretendientes que no cumplían con el estereotipo aceptable para nuestros padres. En mi caso, nunca me atreví a llevar a mi casa a un prospecto con “aretico” o pelo largo (uno que otro se coló en la clandestinidad), a pesar de ser personas de bien. Menos mal que en esa época no se vestían mostrando los calzoncillos, porque tampoco hubieran clasificado a entrar en la sala de mi casa, ni mucho menos a invitarme a salir de ella.

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Un día de trabajo social

Con el ánimo de no seguir teorizando sobre las desigualdades de este país y más bien hacer algo por él, mi esposo, junto con un grupo de amigos, decidieron acogerse al plan de donar y construir casas con la Fundación Techo.

Las primeras dos casas las construyeron hace casi seis meses, precisamente el día del padre, todo un fin de semana. Al final de aquel domingo yo parecía tener un trapo viejo en lugar de un padre de familia: un hombre totalmente exhausto, con sus manos ampolladas y sus músculos adoloridos. Además, llegó moralmente sorprendido de la historia familiar de quienes recibían la casa: una madre cabeza de familia, madre de una adolescente (ya hecha madre también) y de un muchacho sin futuro y, lo peor, sin ganas de forjarse alguno.

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¿Señal divina?

Hace unos pocos meses, en vacaciones, me encontraba alistando a mis dos hijos para que viajaran con mi suegra a los Estados Unidos. Serían mis quince días de vacaciones para descansar de ser mamá. Podría ir a cine a la hora que se me diera la gana, escribir sin interrupciones, dejar de subyugar mis intereses y prioridades a las de ellos, dejar de preocuparme por verlos hipnotizados ante un televisor y sentirme culpable por eso o, por el contrario, dejar de tratar de ser buena madre y jugar con desgano. Ni siquiera tendría que buscarles planes costosos para alejarlos del tedio prematuro del que algunos adultos sufren cuando huyen de sí mismos o no les gusta leer.

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EL DIOS DE LOS TOROS

Nada más exótico que una corrida de toros para un extranjero que venga de un país en donde estén prohibidos ese tipo de espectáculos.  Dos gringos que se encontraban de visita en la empresa en donde yo trabajaba se morían de las ganas por ir a toros. Como en Bogotá todavía no había reinado Petro, los aficionados  podían asistir a las grandes faenas en donde debutaban famosos toreros como César Rincón, El Puno o Enrique Ponce. Personalmente (y para algunos pareceré muy inculta al no poder percibir el arte sin un dejo de sufrimiento) nunca me han gustado ese tipo de fiestas sangrientas o, más que eso, humillantes, en donde la fuerza bruta del ingenuo animal se confronta con la arrogancia terca de los hombres. Sin embargo, ante tanto entusiasmo por parte de los visitantes y con el compromiso de tener que atenderlos, acepté a regañadientes su solicitud.

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I- DIOS ES TESTIGO DE JEHOVÁ

No hay más austeridad que la que lleva un estudiante (en una gran mayoría de casos, aunque ahora veo un poco de muchachos que gastan más que cualquier asalariado). Peor, si se es estudiante latino en un país desarrollado.

Con gran esfuerzo por parte de mi papá, interrumpí un semestre de universidad para ir a Inglaterra, a estudiar inglés (los presumidos dirían “a perfeccionar el inglés”). Tuve la fortuna de ser recibida en casa de mi prima Myriam y de hacer uno que otro trabajo esporádico cuidando niños o planchando, cosas que nunca había hecho (aparte de aguantarme a los primos pequeños o planchar los pañuelos de mi papá, cuando se me ocurría ayudarle a la empleada de la casa). Planchaba tan mal, que duraba haciéndolo el doble del tiempo por el que me pagaban. Allá, la práctica del arte de planchar fue poca, insuficiente para escalar en los talentos necesarios para descrestar a un futuro esposo. Sigue leyendo “I- DIOS ES TESTIGO DE JEHOVÁ”

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