Cuando el 2020 sea un recuerdo

En unos años, me gustaría recordar esta extraña época como hoy lo hago con los tiempos del racionamiento energético. En los años 80´s María, la empleada, después de recoger los platos de la comida prendía la vela, segundos antes de que quitaran la electricidad, a las siete de la noche. La luz de una vela en la oscuridad barniza de magia las palabras que a su alrededor pronuncian y propone una comunión entre quienes la rodean. María, ya en la penumbra, procedía a relatarnos diversas historias, que variaban según su estado de ánimo. Cuando eran alentadoras, queríamos que nunca llegara la luz. Pero otras veces nos instruía sobre las maldades de “la llorona” o “la patasola”, mujeres que sin ningún pudor solían martirizar a la gente de las zonas rurales, tal vez por ser oscuras, como en la vereda de Garagoa donde ella creció. Era cuando comenzábamos a rezar para que se prendieran rápido los bombillos. Otras noches, mi papá tomaba su guitarra y nos cantaba algún bambuco, o entonaba “el marrano gordo” mientras, nosotros tres lo acompañábamos con timidez. Años después, cuando yo ya estaba en la universidad, se repitió ese tipo de ahorro de energía, que usábamos como justa disculpa para hacer posponer las entregas de los trabajos o para hacer desorden en las horas de estudio. Fue cuando se adelantó la hora oficial del país, para ahorrar energía, y entonces teníamos que madrugar cuando “todavía era de noche”, casi ganándole a los pajaritos. No nos pudimos acostumbrar a dicho leve cambio, tan común en países con estaciones, y para cada cita no parábamos de preguntar si era la hora de antes, o “la hora Gaviria”.

Cuando comenzó esta cuarentena, recordando aquellos tiempos, me prometí vivirla de forma constructiva, de manera que fuera memorable, como en las épocas en que nos quitaban la luz. Sin embargo, no ha sido tan fácil. Los primeros días de marzo me alegré por no tener que salir, por no tener que maquillarme, por no tener que sumergirme en el esmog ni en el desesperante tráfico citadino para hacer vueltas que quién sabe por qué razón hoy ya no son necesarias. Me adapté a hacer todo lo que fuera posible a través de la virtualidad: mi clase de yoga, la de piano, hacer ejercicio con las amigas del colegio y hasta uno que otro brindis.

Se volvió normal no tener privacidad y ser siempre escuchada por los cohabitantes de mi casa y, también, escuchar lo que no me compete (incluyendo las maravillosas divagaciones del profesor de español de mi hija, así fuera arrebatándole uno de sus audífonos). Me impuse la libertad de andar sin brasier (otras veces la de andar en brasier) mientras ordenaba la casa, sacaba la ropa que no uso, las ollas peladas o limpiaba hasta el más recóndito cajón al que ningún hombre puede llegar, por más meticuloso que sea. Me lancé al estrellato de la cocina y quedé experta en platos típicos como el ajiaco o los fríjoles y en platos internacionales, como la paella y los curris. Ordené y limpié hasta que las obsesiones inútiles dejaron de cobrar sentido, se incrementaron los domicilios y hoy, cuatro meses después del confinamiento, solo hago lo estrictamente necesario, excepto barrer.

No sé qué relación inconsciente tengo con la escoba… si tendrá que ver con mis ancestras, tal vez muy hacendosas, con las brujas, o con ambas. Cuando la agarro, entro en un estado meditativo, tal vez mágico. Mientras arrumo el polvo, voy barriendo también mis pensamientos: los innecesarios, los sesgados, los inconvenientes, los prejuiciosos y los obsoletos. Sobre todo, los de otros, esos que vamos acogiendo como propios con un ímpetu irreflexivo. En dichas cavilaciones, me pareció muy extraño que el virus saliera de un murciélago, que solo afectara a una ciudad específica en China, pero sí en todo el resto del mundo, que en Italia arrasara con sus habitantes de forma despiadada mientras que, en Grecia, a pocos kilómetros, no hubiera casi afectados, que el mundo se hubiera detenido de forma tan drástica o que se hablara premonitoriamente y con arrogante seguridad de algo tan nuevo. Bueno, siempre hay una primera vez para todo.

Entonces, el huracán de pensamientos arremolinados bajo la escoba me llevó a buscar otros puntos de vista diferentes a los del conteo de muertos e infectados que vemos en los pobres noticieros nacionales. Me sumergí en el laberinto de las teorías conspirativas que, por supuesto, generaron muchos más cuestionamientos. Encontré una gran diversidad de hipótesis: desde expertos en conspiraciones que niegan la existencia del virus o culpan a los “reptilianos” de soltarlo para controlar la humanidad, hasta testimonios de trabajadores del sector de la salud, españoles, alemanes o americanos, que afirman que los han presionado para cambiar las cifras, médicos alternativos que aseguran que ya existe solución, no solo para combatir el virus sino para evitarlo o rebeldes que aseguran que todo es un plan para cambiar el sistema económico mundial, para hacer el gran negocio de vacunar a la población terráquea o para implementar las nuevas tecnologías de control masivo.

Consumí artículos y videos de los grandes peligros de la tecnología cinco G, de las manipulaciones del “maléfico” doctor F que quién sabe por qué estuvo en Wuhan poco antes de que saliera a debutar el virus, de las acusaciones a la pobre doctora J que estuvo encarcelada por falsas acusaciones por tratar de revelar los planes del científico F, del millonario negocio de las vacunas hechas con tejidos de feto y quién sabe qué más porquerías, que además deja a muchos niños autistas, del nanochip que nos van a insertar dentro de la futura vacuna, que por cierto nos quiere volver infértiles porque somos muchos, del filántropo y multimillonario B, posible creador de los virus informáticos que ahora es experto en virus biológicos y de doctores que se revelan contra el adoctrinamiento educativo en las escuelas de medicina, patrocinado por las farmacéuticas. La mayoría de estas acusaciones carecen de pruebas, otras, se pueden verificar en la web.

Lástima que se entremezcle la cruda verdad con la difamación, que se confundan las falsas noticias con los vetos o el rechazo a quienes piensan diferente. Y también lástima que a todos estos protagonistas de descubrimientos, cuestionamientos, sospechas o acusaciones los metan dentro del mismo saco etiquetado como “conspiración”, pues hay mucha información valiosa y rescatable, por lo menos considerable, mientras que la oficial tiene una que otra carencia, por no decir falencia. En otras palabras, nada es blanco o negro. La humanidad es bondadosa –conozco muchos corazones bienintencionados–, pero también –la historia lo demuestra– es egoísta.

Finalmente, me di cuenta de la inutilidad de dicho tipo de información alternativa y renuncié a ella, en parte por saturación y en parte para evitar el consumo innecesario de mi energía vital en preocupaciones cuestionables, o por lo menos sin solución. ¿Qué importa si el virus fue creado por el hombre en un laboratorio o si fue una de las gracias de la sabia naturaleza? Decidí que mejor sería seguir barriendo mi casa, poniéndome el tapa-sonrisas cuando tengo que salir, acumulando los abrazos para momentos más apropiados. Me rendí, me declaré ignorante de los verdaderos hilos que mueven el capitalismo, los sistemas salud pública, la información oficial, es decir, renuncié a saber cómo y quiénes son los que nos gobiernan a nosotros: la masa. Sin embargo, agradezco haber ampliado mi punto de vista, punto entre muchos otros, dispuesta a no tragar sin masticar toda la información que de forma tan generosa se nos ofrece a borbotones.     

El tiempo que usaba en YouTube escarbando sobre aquel filántropo que por alguna razón (cada cual con sus teorías) le dio por vacunar a la gente en India y en África, lo intensifiqué fabricando en casa los recuerdos que, en algún tiempo que espero no sea muy lejano, me harán sonreír.

3 comentarios sobre “Cuando el 2020 sea un recuerdo

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  1. Carolina, te felicito y mi más profunda admiración por tu escrito, manifiestas tus alegrias e inconformismo con el sistema, pero a la vez verdadero y práctico, nos lleva y nos recuerdas el pasado y el ahora, el presente y nos enseñas a no comer entero y ser realista. 👏👏👏🍾🥂💐💐💐

  2. Wao excelente verdades … y lo mejor es que yo también agarro mi escoba y me pongo a barrer y en ese momento siento que estoy barriendo los pensamientos negativos y todo lo negativo que hay en mi …tambien agarre el closet y limpiar acomodar … también me preguntaba si era la única que lo hacia …. me identifique con el texto!!! grandes Verdades, pensamientos de recordar el pasado, y sobre todo aprender a vivir el presente a meditar , al DESPERTAR ESPIRITUAL … Gracias …

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