DIEZ TRUCOS MÁGICOS PARA SOBREVIVIR A LA ASAMBLEA DE SU CONJUNTO

  1. Deje su ego guardado en la casa. La asamblea no se diseñó para que usted alardee de sus afiladas conjeturas, de su don de palabra, o de mando; ni presuma de su pinta o de cuánto viaja; tampoco para que restriegue su profesión a las amas de casa, a los vagos, a los desempleados o a los odontólogos.
  2. Si necesita reconocimiento búsquelo en otra parte. A nadie le interesa saber sus niveles de conocimiento en un lugar en donde a lo que se
    apela es a un mínimo nivel de sentido común. Frases como “soy abogado y el orden del día que proponen es ilegal” o “soy ingeniero y el piso de la escalera no cumple con la norma AJÁ-9034 de tráfico pesado” o “soy financiero y en el rubro de fotocopias hay una diferencia de 200 pesos” solamente entorpecen una reunión que se diseñó para solucionar y no para sobresalir. Si usted es de los ofendidos y este tipo de comentarios le molestan, absténgase de responder “y yo soy médico y usted tiene halitosis”.
  3. A nadie le importa su indignación histriónica. Más bien vaya a clases de teatro. Recuerde que las quejas no arreglan los problemas, así los exprese con furor. Plantee el inconveniente seguido de una propuesta sensata.
  4. A nadie le interesan sus anécdotas personales. Si quiere compartirlas, invite a sus vecinos a unas onces en otra ocasión. Aunque la asamblea es un evento importante que, anualmente, como la Navidad, muchos residentes aburridos o solitarios esperan ilusionados, la socialización es secundaria frente al protocolo que se debe cumplir por ley. Deje los comentarios y los juicios inoportunos, como “¿sí supieron que en el edificio del lado se murió el vigilante de un infarto, justo cuando abría la puerta?, qué peligro, se hubieran podido entrar los ladrones”. Al final, estos comentarios fútiles lo único que hacen es revelar quién es usted realmente.
  5. No saque a flote los problemas personales que usted no pudo arreglar con su vecino, ni busque que los demás tomen partido. Arréglelos con antelación y más bien láncese a la política.
  6. Dé prioridad al bien común sobre el bien particular. Por ejemplo, aunque usted no use el ascensor porque vive en el primer piso, puede, o debe votar para que le cambien el espejo que ya está oxidado. Tampoco llegue al final de la asamblea, justo cuando van en el numeral 16 de “proposiciones y varios”, para plantear una inquietud que solo a usted le incumbe.
  7. Si quiere sentirse poderoso haga pesas, trote, medite o póngase retos. No hay necesidad de sentirse superior a otros, por ejemplo, atacando, pordebajeando o ninguneando. Puede participar para aportar, no para humillar. Ataque el problema y no a la persona, ni siquiera con leves indirectas tales como “con todo lo bajita y lo rechoncha, pero para hacer ruido sí las vale”. No se ensañe contra el contador, que siempre es tímido, nunca conoce a nadie (así viva en el edificio), no ha aprendido a defenderse por andar siempre entre cuentas y papeleos y, para colmo, nadie se va a atrever a defender por no poner en evidencia su ignorancia en tan tediosos asuntos.
  8. Tampoco se deje intimidar por la aparente autoridad del “doctor” del pent-house que sale en televisión. En la asamblea él es simplemente un residente más con los mismos deberes y derechos que los demás residentes (aunque él tenga la manía de cometer ciertos abusos o tomarse el mismo tipo de prebendas que atrevidamente se toma en el gobierno, por ejemplo, usar el parqueadero de visitantes para los carros de sus escoltas o paralizar por horas el ascensor mientras acaba el desayuno)
  9. Tenga en cuenta el tiempo. Si el administrador se equivocó en la gramática de la lectura del acta anterior o el comentario de un vecino le pareció estúpido (hay muchos), por favor, ni siquiera lo exprese, ni siquiera sonría, solo ríase en sus profundidades, de lo contrario la reunión acabará (como siempre ocurre) a media noche.
  10. Piense, aunque no parezca, que la asamblea tiene un propósito. Siga las reglas y el orden del día. Deje sus inquietudes netamente personales o de baja prioridad para las “proposiciones y varios”. No pregunte tonterías. Guarde los comentarios innecesarios para la salida, si le quedan ganas de seguir despierto hablando pendejadas.

MI ÑAPA (como el 1,2,3 de Yamid): Tampoco se vale estar ausente, de espectador, simplemente contemplando el denigrante espectáculo de egos desesperados que buscan saciar su alma vacía mientras usted sacia su paladar goloso con las galletas de la mesa. Mucho menos se vale que, al final, cuando todo haya acabado, usted por fin se manifieste en privado, con el vecino de enfrente, justo cuando va a abrir la puerta de su apartamento, diciendo que estuvo en desacuerdo con todo lo que dijeron.

MI ÑAPA 2: Tampoco se vale andar merodeando antes de la asamblea, como un buitre, en búsqueda de poderes de quienes le huyen a dicho espectáculo, ya sea por tedio, por indiferencia o porque la vergüenza de no haber pagado varias cuotas de administración, para afectar la votación en pro de sus intereses personales.

MI ÑAPA 3: Declaración de sensatez (para ser entregada a la entrada de la asamblea). La palabra “conjunto” bien puede ser remplazada por “club”, “empresa”, “fundación”, etc. así como la de “residente” puede ser remplazada por la de “socio” o “padre de familia”.

Yo, XXX, residente del edificio/conjunto XXX, me comprometo a escuchar, a respetar la palabra de quien habla, a levantar la mano solamente para participar cuando sea necesario y para bien de la comunidad, con puntualidad y precisión, es decir, yendo al grano. Evitaré buscar la atención que no tengo en casa, o en la oficina. No sacaré a relucir asuntos pasados, querellas viejas o incompetencias irrelevantes de quienes intentan hacer lo mejor posible. Reconozco que en este espacio soy solamente, exclusivamente, un residente en igualdad de condiciones que los demás vecinos, quienes se merecen el mismo respeto que yo me merezco. Prometo no levantar la voz, no desviarme del orden del día, no hacer sonrojar al contador, no sabotear la reunión ni comerme todas las galletas mientras los demás vecinos discuten acaloradamente.

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8 comentarios sobre “DIEZ TRUCOS MÁGICOS PARA SOBREVIVIR A LA ASAMBLEA DE SU CONJUNTO

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  1. Hola Carolina. Me gusto mucho la reseña sobre la Asamblea de Copropietarios. Muy Interesante y válida para esta época de reuniones de este tipo. Gracias por tus comentarios. Un abrazo.

  2. Jaja! Una muy buena descripción de las no poco sufridas asambleas… Mi ñapa: por favor quédese en el presente y futuro de la copropiedad, la mayoría de las veces irse a la historia de cómo se hacían las cosas hace 20 años no le sirve ni le importa a los vecinos que llegaron hace tan sólo un año al vecindario y que están asistiendo por primera vez a la reunión. Hágalos sentir bienvenidos.

  3. Excelente reseña! Muy pertinente para esta época de asambleas y para las reuniones en general!!! 🙂 La voy a compartir :))

  4. Hola Carolina, me gusto esa parte de Dejar el ego en casa, eso deberíamos hacerlo a diario no sólo con las asambleas si no en nuestra vida diaria, un abrazo

  5. Que descripción tan exacta haces de esas reuniones de Asambleas de los edificios. No te faltó ni te sobró nada. Son insufribles y yo pensaba que solo en mi conjunto sucedian estas cosas. Como siempre excelente. Felicitaciones, que facilidad para describir situaciones y carácterisitcas de personajes que no faltan en esas “temidas” reuniones. Abrazos

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