Un día de trabajo social

Con el ánimo de no seguir teorizando sobre las desigualdades de este país y más bien hacer algo por él, mi esposo, junto con un grupo de amigos, decidieron acogerse al plan de donar y construir casas con la Fundación Techo.

Las primeras dos casas las construyeron hace casi seis meses, precisamente el día del padre, todo un fin de semana. Al final de aquel domingo yo parecía tener un trapo viejo en lugar de un padre de familia: un hombre totalmente exhausto, con sus manos ampolladas y sus músculos adoloridos. Además, llegó moralmente sorprendido de la historia familiar de quienes recibían la casa: una madre cabeza de familia, madre de una adolescente (ya hecha madre también) y de un muchacho sin futuro y, lo peor, sin ganas de forjarse alguno.

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